¿Giving Pledge o Purpose Pledge?
El reciente artículo de Theodore Schleifer en The New York Times, “The Billionaire Backlash Against a Philanthropic Dream”, describe la pérdida de impulso del Giving Pledge, la iniciativa en la que los multimillonarios se comprometen a donar al menos la mitad de su riqueza. Pero el análisis de Schleifer pasa por alto un problema más fundamental: tanto el Giving Pledge como esfuerzos similares asumen que es normal y aceptable que las personas acumulen una riqueza extraordinaria primero y luego la devuelvan selectivamente. La verdadera pregunta no debería ser cómo los multimillonarios distribuyen sus fortunas, sino por qué nuestro sistema económico permite tal concentración extrema de riqueza en primer lugar.
El manual original del multimillonario
En el artículo, el capitalista de riesgo Marc Andreessen describe lo que solía ser un contrato social implícito: los multimillonarios ganaban dinero, lo devolvían mediante la filantropía y luego eran elogiados por los medios y la sociedad.
Esa no es una idea nueva. Es un descendiente directo del ensayo de 1889 de Andrew Carnegie, The Gospel of Wealth. Carnegie sostenía que la desigualdad extrema de riqueza era aceptable, siempre que los ricos redistribuyeran eventualmente sus fortunas mediante la filantropía.
De hecho, en 2011, Warren Buffett supuestamente le dio a Bill Gates una copia de The Gospel of Wealth, transmitiendo explícitamente la filosofía de Carnegie: acumular tanto como sea posible, sin importar los costos sociales o ambientales, y luego devolver de manera selectiva. Es una continuación deliberada del mismo modelo.
El modelo es simple:
- Acumular una enorme riqueza a través de los negocios.
- Donar una parte más adelante mediante la filantropía.
- Obtener admiración pública por hacerlo.
Este es el sistema que el artículo de Schleifer asume en gran medida como normal.
El sistema detrás de la riqueza
La pregunta más importante no es si los multimillonarios deberían donar la mitad, todo o nada de su riqueza. La pregunta es: ¿por qué nuestro sistema económico genera una concentración tan extrema de riqueza?
La ideología de la primacía del accionista —la creencia de que las empresas existen principalmente para maximizar los rendimientos de los inversores— es un factor clave. A menudo tratada como una sabiduría económica atemporal, en realidad es una doctrina relativamente reciente, reforzada por normas de gobierno corporativo, estructuras de compensación ejecutiva y presiones de los mercados financieros.
Bajo este modelo, las empresas optimizan para un solo grupo de interés: los accionistas. Los costos de esa optimización recaen en todos los demás: los trabajadores enfrentan salarios reprimidos, los agricultores son presionados, las comunidades pierden resiliencia económica, los consumidores pagan por productos poco saludables o explotadores, y el medio ambiente sufre.
Las enormes brechas de riqueza e ingresos que vemos hoy son resultados previsibles de un sistema diseñado para canalizar el valor hacia arriba.
El “lavado” mediante filantropía
Aquí es donde se hacen visibles las contradicciones de la filantropía moderna.
Tomemos como ejemplo Berkshire Hathaway. Buffett es ampliamente celebrado por su filantropía, pero muchas empresas en su portafolio operan plantas de energía a carbón, invierten fuertemente en marcas de alimentos ultraprocesados o mantienen estructuras salariales que, según críticos, no alcanzan un salario digno.
Este patrón no es exclusivo de Berkshire. En todas las industrias, las empresas generan enormes ganancias mediante prácticas que perjudican activamente a la sociedad y al medio ambiente, y luego redistribuyen parte de esas ganancias de manera filantrópica. A esto se le puede llamar “lavado mediante filantropía”: crear riqueza extraordinaria a través de prácticas dañinas y luego devolver selectivamente una parte para mejorar la reputación sin abordar los problemas de raíz.
Como señaló Andreessen, la filantropía solía ayudar a “lavar todos tus pecados”, transformando a un magnate empresarial cuestionable en un filántropo virtuoso. Pero ese enfoque revela la falla: si el sistema empresarial estuviera alineado con el bienestar social y ambiental, habría muchos menos “problemas” que limpiar.
El problema de la escala
La escala es otro problema crítico. Sir Ronald Cohen señala que el capital filantrópico global asciende a aproximadamente 1 billón de dólares, mientras que los activos invertibles globales superan los 200 billones.
La filantropía puede financiar experimentos, proyectos piloto e innovación, pero resolver problemas sistémicos como el cambio climático, la desigualdad o la salud pública requiere movilizar el conjunto mucho mayor de capital integrado en la economía.
El punto clave no es cómo los multimillonarios donan su riqueza, sino cómo las empresas crean y distribuyen riqueza desde el principio.
Del Giving Pledge al Purpose Pledge
Aquí surge un enfoque diferente: en lugar de extraer valor y devolverlo después, el Purpose Pledge integra el propósito en la forma en que las empresas operan día a día.
Lanzado por una coalición de empresas de productos naturales, el Purpose Pledge define diez compromisos que abarcan la gobernanza, la compensación, el abastecimiento, la inversión, las prácticas ambientales y la participación comunitaria. Las empresas no solo donan a organizaciones sin fines de lucro: invierten en los grupos de interés que sostienen su negocio: empleados, agricultores, comunidades, consumidores y el medio ambiente.
Este enfoque cambia completamente las reglas del juego. El objetivo es la alineación. Las empresas tienen éxito financiero porque cuidan a sus grupos de interés, no a pesar de ello.
La participación comunitaria y la retribución siguen siendo parte del modelo, pero son medibles, transparentes y pueden incluir inversiones más amplias como la acción climática o cadenas de suministro regenerativas. El énfasis está en una responsabilidad continua e integrada, no en donaciones ocasionales impulsadas por relaciones públicas.
Repensando la narrativa
El debate sobre el Giving Pledge a menudo se vuelve partidista, presentando la filantropía como una elección entre causas de izquierda o de derecha. Pero la cuestión más importante es cómo deberían operar las empresas desde el inicio.
Imaginemos que las empresas detrás de las grandes fortunas actuales hubieran sido diseñadas desde el principio para servir a trabajadores, agricultores, comunidades, consumidores y al medio ambiente, junto con los accionistas.
Sí, las fortunas personales resultantes podrían ser menores (aunque es válido preguntarse: ¿cuántos miles de millones necesita realmente una persona?). Para ser claros, no hay nada malo en que fundadores e inversores obtengan grandes recompensas al construir empresas exitosas. Pero esas ganancias no deberían provenir de trabajadores que luchan por obtener un salario digno, proveedores presionados o costos ambientales trasladados a la sociedad. Si se cuida a los trabajadores, agricultores, comunidades y ecosistemas que hacen posible el negocio, seguirá habiendo amplias recompensas para quienes ayudaron a crear y hacer crecer la empresa.
Nuestra economía y sociedad se verían muy diferentes: aire más limpio, sistemas alimentarios más saludables, comunidades más resilientes, prosperidad compartida y una economía más verde y equitativa.
De la filantropía a la responsabilidad
El verdadero propósito implica servir a todos los grupos de interés, no solo a los más fáciles de medir o mostrar. Los consumidores lo exigen cada vez más. No premian a las empresas que destacan en un área mientras fallan en otras. Quieren que las empresas actúen correctamente en todos los aspectos.
El Giving Pledge pide a los multimillonarios redistribuir la riqueza después de haberla acumulado. El desafío más profundo es rediseñar el sistema económico para que la riqueza se cree y se comparta de manera más responsable desde el principio.
En ese mundo, la filantropía seguiría existiendo, pero no sería un parche para daños sistémicos. En cambio, las empresas generarían riqueza de manera responsable, invertirían continuamente en sus grupos de interés y producirían un impacto social y ambiental duradero.
El Giving Pledge dice: acumula riqueza primero a costa de lo que sea, devuelve algo después.
El Purpose Pledge dice: crea y comparte riqueza de manera responsable desde el inicio.
Perfil del autor
Les Szabo
Les Szabo es Director de Estrategia e Impacto en Dr. Bronner’s, donde guía la planificación estratégica a nivel empresarial y lidera iniciativas que fortalecen las capacidades organizacionales y promueven un crecimiento sostenible. También es presidente del consejo del Purpose Pledge, una iniciativa global enfocada en generar impacto medible alineando a los grupos de interés, el capital y las empresas impulsadas por un propósito.

