Historia


Dr. Bronner quería salvar al mundo, cuidar su cuerpo y respetar la naturaleza. Así que para hacer llegar éste mensaje al mundo, creó una línea de productos fieles a éstos tres principios. Fue así como se elaboró un producto para vender la etiqueta, y no una etiqueta para vender un producto.

En 1858 la familia Heilbronner empezó a fabricar jabones en el sótano de su casa de Laupheim, Alemania. Para 1890 ya tenían su primera fábrica de jabón de castilla.

En 1908 nació Emanuel Bronner. En la década de 1920 se ocupó de aprender nuevas técnicas para producir jabón de castilla. La fuerte personalidad de Emanuel lo llevó a mudarse a Estados Unidos en 1929 donde, convencido de que su propósito era unificar a la humanidad, empezó a luchar por ello.

Esta filosofía de vida era adelantada a la época y Emanuel fue encerrado en un hospital de salud mental donde tuvo que soportar tratamientos con electroshocks que lo harían ir perdiendo la vista poco a poco, hasta quedarse completamente ciego durante sus últimos años.

Su pasión por transmitir a la humanidad su mensaje urgente de que "todos somos uno" le dió  las fuerzas para lograr escaparse del manicomio y huir a California, donde fue muy bien recibido por la cultura hippie que apenas estaba emergiendo.

En California retomó la práctica de elaborar jabones y los utilizaba como incentivo, regalándoselos a las personas que estuvieran dispuestas a escuchar su mensaje. Lamentablemente, la gente se percataba de que Emanuel no veía y se llevaban los jabones sin escuchar su discurso.

Al darse cuenta de esto, Dr. Bronner’s decidió hacer una etiqueta para sus jabones sobre la cual estaría escrito su famoso “ABC de la moralidad” y su plan para lograr la paz mundial, además de citar ideales de profetas y figuras sagradas de diferentes culturas y religiones. En total, Dr. Bronner escribió más de 30 mil palabras que aparecen en las etiquetas. 

Si entregaba los jabones con su mensaje escrito, la gente tarde o temprano lo leería. La etiqueta se convirtió en un vehículo para transmitir el mensaje de reconocer nuestra unión trascendental. Emanuel tenía tanto que enseñarnos que empezó a hacer jabones de diferentes aromas para tener diferentes etiquetas sobre las cuales escribir.